Bea Jiménez

Dar hasta que duela, y cuando duela, dar todavía más

Bea Jiménez

Hace unos años, realicé distintos voluntariados a nivel local, en Sevilla. Con el paso del tiempo surgía en mí la gran inquietud de dar un paso más allá pero no sabía por dónde empezar.

El continente africano empezó a sonar en mi cabeza. Pese a tener 20 años y que en casa no estaban muy por la labor de que emprendiera una aventura de esa envergadura sola, decidí demostrar que cualquier meta por muy lejana que parezca, puede conseguirse y a la vez asombrarte si luchas por ella.

Finalmente, y trabajando duro para conseguir mi objetivo, di con una organización en Senegal que me abrió las puertas del sueño que tanto estaba deseando cumplir. Ese verano del 2015 me cambiaría la forma de vivir y pensar por completo para siempre, me di cuenta de lo que tenía y aprendí a valorar.

Fue un mes que se inició como no, con muchas preguntas. ¿Qué me ha llevado a hacer este voluntariado? ¿Por qué tan lejos? ¿Qué puedo aportar personalmente a los que me cruzaré en el camino?

En el voluntariado trataba de primera mano con niños de un pequeño poblado cerca de Dakar, que se llama Kédougou. Por las mañanas impartíamos clases y sorprendentemente teníamos en el mismo aula a un joven de 15 con un niño de 7. Muchos no tienen la suerte de iniciarse en el colegio como nosotros, pero en lo que si coinciden todos es en el cómo aprovechar ese tiempo y dedicación que le están prestando unos jóvenes “Toubab”, que significa en su dialecto “Blanquitos”.

Por las tardes les entreteníamos con juegos, canciones, deportes… Tras una semana allí, los voluntarios aparecimos con un balón de fútbol para todo el poblado y su recibimiento fue espectacular. Me sorprendió el valor que le dieron y como lo cuidaban cada día para poder aprovecharlo el máximo tiempo posible. En esta experiencia aprendí, entre otros, el valor del compartir. Algunos, por suerte, podían jugar con zapatos y otros desgraciadamente no tenían. Vi en esos momentos que un niño prestaba uno de sus zapatos al de al lado para jugar en igualdad de condiciones y poder compartir tan gran y feliz experiencia juntos.

Pensaba la gran suerte que tenía de poder haber realizado ese viaje. Me planteo a día de hoy que aunque la ayuda que prestaba allí también podía haberla hecho en mi ciudad, yo debía estar en ese pequeño poblado por algo, debía saber lo que esos niños viven a diario, debía aprender esa nueva cultura y debía saber cuál era la misión por la cual estaba allí. Creo que sencillamente era providencial.

Recomiendo vivir esa experiencia al menos una vez en la vida, creo que, como dice un buen amigo cuando viajo hay que “Impregnar retinas”. Hay que darse, hay que aprender a vivir con lo que tenemos, hay que valorar cada detalle que nos permite disfrutar como lo hacemos, hay que empatizar con el de al lado y reflexionar mucho a diario.

Por suerte el año pasado pude volver, esta vez a Guinea Ecuatorial. No descarto repetir de nuevo en cuanto pueda. Estoy segura de que sus infinitas sonrisas y su forma de ser feliz es lo que me atrae del maravilloso continente africano.

CONTACTO:

beatrizjimenezpl@outlook.com

¿Quieres sumarte a Sharing Luck?

Deja un comentario