Nuestra felicidad no depende de quién seamos o cuánto tengamos, sino de cuánto somos capaces de dar a los demás

Juan Jiménez

Hola, soy Juan Jiménez Pumar, tengo 16 años, soy sevillano pero desde hace 6 años vivo en Madrid. Estudio en un colegio de Fomento, y soy un niño normal que le gusta estar con sus amigos, salir a la calle y hacer deporte (nada del otro mundo). 

Hago voluntariado desde hace 1 año y empecé de casualidad. La organización de mi colegio daba una charla en la que repartían comida y fuimos todos mis amigos allí. Siendo sincero no había nada que me moviera a empezar a hacer voluntariado, pero después de escuchar al señor que dió la charla, mis amigos y yo, nos animamos a hacer voluntariado. 

Nuestro voluntariado se centra en ayudar en niños de primaria en sus deberes y a la vez jugamos con ellos al fútbol, baloncesto, parchís… lo que sea. La organización que está detrás de todo esto se llama Desarrollo y Asistencia que es una ONG que capta voluntarios y los coloca en distintos programas. Tiene convenios con hospitales, residencias, colegios, albergues, con la Comunidad de Madrid. Mi voluntariado en concreto era un programa que tenía convenios con apoyo escolar en colegios. Íbamos todos los sábados de 10 de la mañana a 13:30 de la tarde, en el colegio Ortega y Gasset por la zona de Plaza Castilla y el colegio Paraguay en el barrio de Valverde. Yo iba al colegio Ortega, ya que me pillaba más cerca. 

Realmente podría decir que todo esto es muy bonito, pero la verdad es que a mí me daba mucha pereza levantarme a las 8:30 de la mañana un sábado, después cogerme un autobús 40 minutos y después otros 10 minutos andando. También al principio tienes que hacerte con la confianza de los niños, conocerlos, aprenderte los nombres (que son todos musulmanes y chinos). Pero cuando ya dejas a un lado todo esto, ves lo bueno que estás haciendo, aunque parezca poco, ayudas mucho a los niños, cada semana les coges más cariño, te da menos pereza ir, empiezas a conocerlos a fondo, juegas con ellos y realmente te lo pasas bien, te tratan como uno más (aunque te llamen profe). 

Este voluntariado me ha ayudado especialmente a salir de mi burbuja. Una burbuja que nos envuelve a todos siempre… la verdad es que vivimos en un constante “yo, me, mi, conmigo”. En “me compro esto cuando quiero”, “hago esto porque quiero”, “a mí me apetece esto”, etc. A raíz del voluntariado, me di cuenta de que no hace falta estar en una organización, que la iniciativa de ayudar puede salir de uno mismo. Si miramos a nuestro alrededor y nos fijamos, siempre hay gente necesitada, que a veces simplemente ni las vemos. Por ejemplo, en la calle hay muchas personas que necesitan ayuda, y un día me animé y le llevé una sopa y un bocata a un señor de 45 años que vivía en un portal a 2 minutos de mi casa. Cogí la costumbre de ir día a día. Iba, hasta que llego el querido Covid, y José (que así se llama) no sabía por qué yo iba allí, mientras la gente pasaba poniendo caras raras. Hubo un punto que ya no era sólo llevarle el bocadillo e irme, sino que me llegaba a quedar 1 hora hablando con él, me contaba su vida, por qué estaba en esa situación, qué le había pasado, cuál era su día a día… y la verdad que pasábamos un buen rato. Mi madre nos contó que en un estudio en Estados Unidos había salido que todas estas personas sin casa, más que comida, que suelen tener, lo que necesitan es compañía y no sentirse solas. Un día antes de Navidad, llegué con mi bocata y mi sopa y le pregunté qué iba a hacer en Navidades, y me respondió que para él las Navidades no tienen sentido, que son solo días de frío, en los que la gente hace fiestas y no le dejan dormir. En ese momento yo cambié el chip (no me convertí en un santo de repente) pero como que necesitaba que me dijeran eso para darme cuenta de lo afortunados que somos, que estamos rodeados de cosas fantásticas y que nuestra felicidad no depende de quién seamos o cuánto tengamos, sino de cuánto somos capaces de dar a los demás y cuantas necesidades nos creamos. Como decía mi abuela NO ES MÁS RICO EL QUE MÁS TIENE SINO EL QUE MENOS NECESITA. 

Sin ninguna duda recomendaría esta experiencia tanto lo primero que es un voluntariado con niños y con más compañeros, como lo segundo, que se puede hacer en cualquier momento y con personas que a veces las tenemos muy cerca y no vemos. Es algo que como he dicho nos ayuda entender mejor al que tenemos al lado y que nos ayuda a ser más generosos. Por último, si tuviera que daros un consejo para la segunda iniciativa, es que no queramos conocer a estas personas (José en este caso) muy rápido. Son gente cerrada y que a base de hablar con ellos y de ir día tras días los vas conociendo, no hay que tener prisa.

CONTACTO:

juanjpumar@gmail.com

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