Para mí, ayudar es aprender. Ayudar me hace crecer

Lucía Taracena

Me llamo Lucía Taracena, tengo 25 años y soy de Madrid. Llevo participando en proyectos sociales desde mis últimos años de colegio. Desde entonces, he hecho diferentes voluntariados, tanto en Madrid, como en el extranjero.

Mi primera experiencia como voluntaria fuera de España fue en el verano de 2016, cuando estuve un mes a Katmandú. Me fui con una organización, pero acabé colaborando con tres distintas, lo que me permitió ayudar a diferentes colectivos de la sociedad. Esto lo hizo aún más especial, y por eso he elegido hablar de esta experiencia.

Tengo la suerte de haber podido viajar mucho con mi familia. Antes del año 2016 había estado en algunos países asiáticos como Vietnam, India y China, y creo que lo que sentía en esos viajes es lo que despertó mis ganas de querer ayudar fuera de España. Durante esos viajes no me encontraba; me sentía mal por estar disfrutando en sitios en los que había tanta pobreza y desgracia. Por eso quise aportar mi granito de arena.

La ONG con la que me fui se llama Nepal Orphans Home, con los que colaboraba todos los días por las mañanas dando clase de inglés en un colegio de niños desfavorecidos. Por las tardes, ayudaba en un orfanato que se llama Our Children’s Home. Esta era la parte más dura del día; las condiciones en las que vivían los niños en este orfanato eran infrahumanas. Las historias de cómo cada uno había acabado en el orfanato eran durísimas. A algunos les habían abandonado, a otros les habían rescatado de redes de tráfico infantil, y otros estaban ahí porque sus padres habían muerto. Durante las horas que estábamos con ellos, intentábamos darles todo el amor posible, jugando con ellos y ayudándoles con los deberes. Era increíble como se notaba la falta de afecto que sentían, siempre intentando llamar la atención. El cariño que coges a los niños es indescriptible. Por último, colaboraba semanalmente con Curry Without Worry, que consistía en cocinar durante todo el día para después servir la cena a personas sin techo que viven en las calles de Katmandú. Esto también era muy duro, y fue la labor más impactante y gratificante para mi.

De Nepal me llevé una lección de vida. Me di cuenta de la suerte que tengo y empecé a ver mi vida con otros ojos. Lo más valioso que me aportó fue una voz interna que me habla desde el día que me fui, y me dice cuando me estoy preocupando o quejando por algo que no debo. Aprendí que las cosas que más damos por hecho en nuestra vida son las más valiosas.

Mi consejo para cualquier persona que decida hacer voluntariado fuera de España es ir sin tener ninguna expectativa, y, a la vez, tener expectativas de ver y sentir de todo. Y cuando estés viviendo la experiencia, reflexionar mucho. Creo que cuando haces voluntariado, y lo haces bien, sintiéndolo y siendo consciente de lo que estás haciendo, la sensación es tan grande y tan difícil de explicar, que es imposible no querer repetir.

También creo que es importante tener en cuenta que, haciendo voluntariado en un país subdesarrollado, por lo general, tu ayuda no supondrá un gran cambio, en el sentido de que la gente va a seguir siendo pobre y sus problemas no van  a desaparecer. Lo que aportas a la gente es alegría, ilusión e incluso esperanza. Por otro lado, lo que sí es trascendental es que el voluntario vuelve a su país sabiendo que lo que hay detrás de estas ONG es una realidad que puede seguir apoyando desde casa. Del voluntariado, el que gana el mayor beneficio de la experiencia es el voluntario. La gente a la que ayudas te aporta a ti mucho más de lo que le aportas tu: alegría, un golpe de realidad y mucho aprendizaje. Por eso, la forma de devolverles este favor es seguir apoyando a la organización como se pueda.

¿Por qué crees que es necesario darse a los demás?” Me parece una pregunta muy difícil de contestar. Creo que hay mil razones y a la vez es tan evidente que no hay ninguna, simplemente, es algo que tiene que estar en nuestra cabeza, en nuestra personalidad, formar parte de nuestra vida ordinaria. Las condiciones en las que vivimos son un regalo de Dios, por lo que a cambio tenemos que ayudar a los que más lo necesitan.

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